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sábado, 4 de junio de 2011
domingo, 23 de mayo de 2010
Educar es seducir con lo valioso
Palabras de Enrique Rojas en la conferencia de apertura de los cursos de verano de la Universidad de Navarra 26 de noviembre de 2001
Educar es seducir con lo valioso
Cada día se hace más necesario educar tanto la inteligencia como una voluntad de la persona Enrique Rojas, director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas, afirmó que en la sociedad en la que vivimos "educar es seducir con lo valioso", ya que existe mucha información y poca formación. Un reto en la sociedad del conocimiento: la educación de la inteligencia y la voluntad ha sido el título de la conferencia en la que intervino el psiquiatra y que sirvió para inaugurar los cursos de verano de la Universidad de Navarra. En el acto de apertura participaron también el presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, y el rector de la Universidad de Navarra, José Mª Bastero. Información más formación Enrique Rojas argumentó que tanto la vida afectiva como la intelectual –los dos ingredientes de la personalidad– necesitan ser educadas. "La educación es una tarea lenta y progresiva que requiere no sólo de información sino de formación. La información es conocimiento de datos, sin embargo, la formación es criterio, mejora de la personalidad", aclaró. Una obra de anoche a cargo de la lectura el autor de obras como "El amor inteligente", "El hombre light" o "Una teoría de la felicidad" insistió en que los padres tienen mucho que decir en la educación. "Se trata de una labor de orfebrería que tiene que empezar por la familia", matizó. Pero también recordó que es necesario recuperar una formación humanista, de manera que los libros ocupen un importante lugar. "La lectura es a la inteligencia lo que el ejercicio es al cuerpo", señaló. Ante el bombardeo informativo El tema de los cursos de verano de las universidades navarras, "Por la sociedad del conocimiento", plantea, a juicio de Enrique Rojas, grandes interrogantes. El más importante de ellos es qué lugar ocupa la persona en esa nueva sociedad caracterizada por el "bombardeo informativo". El psiquiatra ha explicado como la educación de la inteligencia y la afectividad se convierten en un desafío apasionante y urgente en esta nueva era. Como el médico de cabecera En cuanto al papel de los psiquiatras, el director del Instituto de Investigaciones Psiquiátricas comparó esta disciplina con un edificio de dos plantas: la de abajo sería la psicología y la de arriba, la psiquiatría. "Antes se pensaba que ir al psiquiatra significaba estar loco, pero hoy es casi como un médico de cabecera en los países desarrollados", concluyó. A cualquier cosa se le llama amor Rupturas conyugales, la tercera epidemia El amor, según Enrique Rojas, es el elemento más importante de la afectividad, pero en torno a él existe una lexicografía confusa. "A cualquier cosa se le llama amor. Existen muchas palabras relacionadas con él: enamorarse, querer, desear, gustar, buscar, necesitar... Hay muchos matices y la educación es necesaria para saber distinguir entre unas y otras", advirtió. La tercera epidemia mundial Enrique Rojas comentó que si hasta ahora había dos epidemias en el mundo moderno, la droga y el SIDA," ahora existe una tercera: la epidemia de rupturas conyugales". Al respecto señaló como en algunos países, como EEUU, Japón, Alemania o Inglaterra, alrededor del 50% de las parejas están rotas.
Cada día se hace más necesario educar tanto la inteligencia como una voluntad de la persona Enrique Rojas, director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas, afirmó que en la sociedad en la que vivimos "educar es seducir con lo valioso", ya que existe mucha información y poca formación. Un reto en la sociedad del conocimiento: la educación de la inteligencia y la voluntad ha sido el título de la conferencia en la que intervino el psiquiatra y que sirvió para inaugurar los cursos de verano de la Universidad de Navarra. En el acto de apertura participaron también el presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, y el rector de la Universidad de Navarra, José Mª Bastero. Información más formación Enrique Rojas argumentó que tanto la vida afectiva como la intelectual –los dos ingredientes de la personalidad– necesitan ser educadas. "La educación es una tarea lenta y progresiva que requiere no sólo de información sino de formación. La información es conocimiento de datos, sin embargo, la formación es criterio, mejora de la personalidad", aclaró. Una obra de anoche a cargo de la lectura el autor de obras como "El amor inteligente", "El hombre light" o "Una teoría de la felicidad" insistió en que los padres tienen mucho que decir en la educación. "Se trata de una labor de orfebrería que tiene que empezar por la familia", matizó. Pero también recordó que es necesario recuperar una formación humanista, de manera que los libros ocupen un importante lugar. "La lectura es a la inteligencia lo que el ejercicio es al cuerpo", señaló. Ante el bombardeo informativo El tema de los cursos de verano de las universidades navarras, "Por la sociedad del conocimiento", plantea, a juicio de Enrique Rojas, grandes interrogantes. El más importante de ellos es qué lugar ocupa la persona en esa nueva sociedad caracterizada por el "bombardeo informativo". El psiquiatra ha explicado como la educación de la inteligencia y la afectividad se convierten en un desafío apasionante y urgente en esta nueva era. Como el médico de cabecera En cuanto al papel de los psiquiatras, el director del Instituto de Investigaciones Psiquiátricas comparó esta disciplina con un edificio de dos plantas: la de abajo sería la psicología y la de arriba, la psiquiatría. "Antes se pensaba que ir al psiquiatra significaba estar loco, pero hoy es casi como un médico de cabecera en los países desarrollados", concluyó. A cualquier cosa se le llama amor Rupturas conyugales, la tercera epidemia El amor, según Enrique Rojas, es el elemento más importante de la afectividad, pero en torno a él existe una lexicografía confusa. "A cualquier cosa se le llama amor. Existen muchas palabras relacionadas con él: enamorarse, querer, desear, gustar, buscar, necesitar... Hay muchos matices y la educación es necesaria para saber distinguir entre unas y otras", advirtió. La tercera epidemia mundial Enrique Rojas comentó que si hasta ahora había dos epidemias en el mundo moderno, la droga y el SIDA," ahora existe una tercera: la epidemia de rupturas conyugales". Al respecto señaló como en algunos países, como EEUU, Japón, Alemania o Inglaterra, alrededor del 50% de las parejas están rotas.
sábado, 22 de mayo de 2010
Obediencia
Mayra Novelo
Fuente: arvo.con
La obediencia es una actitud responsable de colaboración y participación, importante para las buenas relaciones, convivencia y el trabajo productivo. Por el contrario, la obediencia nos lleva a practicar una libertad más plena.
Fuente: arvo.con
La obediencia es una actitud responsable de colaboración y participación, importante para las buenas relaciones, convivencia y el trabajo productivo. Por el contrario, la obediencia nos lleva a practicar una libertad más plena.
Obediencia
Una de las cosas que más trabajo nos cuestan es someter nuestra voluntad a la orden de otra persona. Vivimos en una época donde se rechaza cualquier forma de autoridad, así como las reglas o normas que todos debemos cumplir. La soberbia y el egoísmo nos hacen sentir autosuficientes, superiores, sin rendir nuestro juicio y voluntad ante otros pretextando la defensa de nuestra libertad.
Parece claro que el problema no radica en las personas que ejercen una autoridad, tampoco en las normas creadas para mantener el orden, la seguridad y la armonía entre las personas, esta dentro de nosotros mismos. Debemos evitar caer en el error de "sentir" que obedeciendo nos convertimos en seres inferiores y sumisos caracterizados por una libertad mutilada. Por el contrario, la obediencia nos lleva a practicar una libertad más plena, porque echamos por la borda el pesado lastre de la soberbia y la comodidad. ¿No son acaso una fuerte atadura e impedimento para obedecer cabalmente?
¿Por qué nos cuesta tanto trabajo obedecer? Razones puede haber muchas, tal vez la más común se da cuando no reconocemos la autoridad de la persona que manda, por considerarla inferior, inepta, molesta o necia; cada vez que la actividad a realizar es contraria a nuestro gusto y preferencia; porque catalogamos las cosas como poco importantes, o debemos hacer a un lado nuestra comodidad y descanso. Cualquiera que sea el caso el resultado es el mismo: un actuar mecánico y porque "no nos queda más remedio", lo cual resta mérito a todo lo bueno que pudiéramos lograr.
No podemos negar que algunas ocasiones obedecemos gustosamente, pero lo hacemos por la simpatía que tenemos hacia quien lo pide, o definitivamente no nos cuesta trabajo cumplir con la encomienda. Entonces cabe preguntarnos si la obediencia en nosotros es un valor o es una postura que tomamos de acuerdo a las circunstancias.
Debe quedar claro, la obediencia no hace distinciones de personas y situaciones, para que sea realmente un valor, debe ir acompañada de nuestra voluntad de hacer las cosas, agregando nuestro ingenio y capacidad para obtener un resultado igual o mejor de lo esperado. Por tanto, el obedecer es un acto consciente, producto del razonamiento, discriminando todo sentimiento opuesto hacia las personas o actividades.
Esto nos lleva a considerar la manera en la que reaccionamos frente a las normas que exigen un cumplimiento: con facilidad desobedecemos las leyes de tránsito, buscamos la manera de simplificar cualquier tipo de trámites, cumplir con menos requisitos o no hacer fila para hacer un pago en la ventanilla correspondiente... no podemos pensar que el mundo debe girar alrededor de nuestros caprichos, sometiendo todo a la aprobación de nuestro juicio.
La obediencia requiere docilidad, traducida en seguir fielmente las indicaciones dadas. Si consideramos que algo no es correcto podemos expresar nuestro punto de vista, pero nunca hacer algo distinto o contrario a lo que se nos ha solicitado.
Además de ser dóciles debemos tener iniciativa, que consiste en poner de nuestra parte "lo que haga falta" para cumplir mejor con nuestra tarea. Muchas veces se manifiesta a través de los pequeños detalles: La portada y presentación final de un informe, limpiar y colocar perfectamente los muebles que cambiamos de lugar, acomodar en la alacena los víveres que compramos...
Ese toque personal y final que ponemos a las cosas complementa magníficamente nuestra obediencia, porque es una manera de identificarnos plenamente con el deseo de quien lo ha pedido, que en el fondo, es la esencia de obedecer.
En algunos casos y circunstancias, las personas que tienen autoridad pueden solicitar acciones contrarias a la dignidad de las personas y ajenas a los principios morales, como mentir, calumniar, robar... en estos y otros casos, no estamos obligados a obedecer porque nos convertimos en cómplices de acciones reprobables, de las cuales no nos gustaría ser los afectados.
Aunque el aprender a obedecer parece un valor a inculcar solamente en los niños, toda persona puede, y debe, procurar su desarrollo. Veamos algunos puntos que te ayudarán a cultivar mejor este valor:
- La obediencia no se determina por el afecto que puedas tener hacia la persona que manda, concéntrate en realizar de la tarea o cumplir el encargo que se te encomienda. Tu sentir en nada cambia el contenido de la orden.
- Ejecuta las peticiones u órdenes sin calificar si son de tu agrado o no.
- Toda encomienda es importante. Si es aparentemente simple, evita pensar que no corresponde "a tu categoría". Si no cumples con las cosas pequeñas, jamás cumplirás con las cosas que consideras como "grandes".
- No te quejes por los continuos encargos que recibes. Por una parte se tiene confianza en tu capacidad; por otra, ¿no crees que estás encubriendo tu pereza?
- Procura eliminar de tu persona esa visión mediocre de "sólo cumplir". Ten iniciativa: termina las cosas al detalle dando un toque final a todo lo que hagas, es la diferencia entre obedecer y cumplir, y eso, es lo que hace un trabajo bien hecho.
La obediencia nos hace sencillos porque nos enfocamos en la tarea a realizar y no en criticar a las personas; generosos por la disponibilidad de tiempo, el interés y entusiasmo que ponemos al servicio de los demás, generando confianza al actuar responsablemente.
Podemos ver que la obediencia es una actitud responsable de colaboración y participación, dejando atrás el "hacer para cumplir", que eso lo hace cualquiera, poner lo que esta de nuestra parte es lo que hace de la obediencia un valor, no sólo importante, sino necesario para las buenas relaciones, la convivencia y el trabajo productivo.
lunes, 26 de abril de 2010
Para Reflexionar
Carta al Maestro de Galilea
Admirado y Querido Maestro de Galilea:
Admirado y Querido Maestro de Galilea:
Tú fuiste docente itinerante, catequista de tu pueblo. Yo, docente, quiero asomarme al espejo de tu vida de maestro. Necesito reafirmar mi vocación de educador, reencontrarme con ella en lo más hondo, renovar mi EROS pedagógicos que tengo adormecido y seguir creyendo que la educción, hoy, aquí y ahora es posible y es obra evangelizadora.
Tú, no esperaste que los discípulos vinieran al Maestro. Bajaste al lago, entraste en las aldeas; convocaste a pescadores, banqueros y buenos israelitas y a paganos e hiciste de tu comunidad una escuela pluralista.
Estuviste genial cuando enviaste a tus discípulos a hacer las prácticas docentes de dos en dos, de pueblo en pueblo, con objetivos, contenidos y métodos estudiados y orados: vayan, prediquen, sanen… Y volvieron sudorosos, con algún fracaso en sus mochilas, pero gozosos por haber estrenado su misión de docentes y por haberse encontrado con su pueblo.
Jesús, te felicito porque eres doctor en metodología. En la samaritana me enseñas cómo acercarme al que se siente seguro, y lo tiene todo claro. En la mujer adúltera, eres el maestro que perdona y olvida. En el buen samaritano desenmascaras la hipocresía religiosa y nos propone una educación desde la coherencia; a los sumos sacerdotes les dijiste la verdad a costa de tu sangre.
Cómo me seduce tu pedagogía de la proximidad: Pedro a quien evitas a pasear por la orilla del lago restituirle la confianza y obsequiarle el perdón. Tomás, que necesita reafirmar su fe con una prueba de anatomía: Pon tu dedo en mi llaga. Judas, a quien anhelas ganar con el privilegio de tu confianza y con el pan de tu amistad.
Cuánto me enseña tu realismo didáctico: la parábola del sembrador; la vid y los sarmientos, la moneda del César; el hijo pródigo, los talentos, y otras más.
Lo que más admiro en ti Maestro de Galilea es la pedagogía del saber estar presente y de retirarse a tiempo para dejarles crecer, tomar iniciativas, pelearse por los primeros puestos… y luego volver junto a ellos para afianzar tu enseñanza y confirmar su vocación.
Emaús es todo un paradigma educativo: sales al encuentro de tus dos muchachos; haces camino junto a ellos; repasas la lección: ¿No sabían que esto debía suceder?... Aceptas compartir su mesa, y Tú les regalas el alimento. ¡Qué maestro!
Nunca les dejaste huérfanos porque además de llevar sus nombres grabados en tu corazón, les enviaste el espíritu Santo que les confirmó en su vocación de docentes y de apóstoles.
Maestro bueno, cuánto se aprende en la escuela de tu evangelio. Es pedagogía viva, mensaje nuevo, formación permanente.
Maestro Jesús, pretendo ser humilde aprendiz de educador. Disipa mis temores, confirma y aviva mi vocación de docente. Que sienta la educación como campo fértil de la misión que Tú me confiaste. Que vea en cada niño, en cada joven tu rostro Señor. Que sepa transmitir a mis alumnos esperanza, alegría y convicción. Que los diferentes, los excluidos tengan un lugar en mi corazón aunque me hagan sentir la educación, más como espina, que como rosa.
Maestro de Galilea, te digo hasta luego, hasta cada momento, porque eres el amigo fiel de cada instante. Te pido para mí y para todos los docentes argentinos, especialmente en estos momentos, manos para que nuestra misión sea algo parecido a la Tuya.
Hno. Eugenio Magdaleno
Marista
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