sábado, 10 de julio de 2010

La Felicidad

Mi nombre es Felicidad
Yo soy parte de la vida de aquellos que tienen amigos, porque tener amigos es ser Feliz.

Yo soy parte de la vida de aquellos que viven rodeados por personas como usted, pues vivir así es ser Feliz.


Yo soy parte de la vida de aquellos que creen que ayer es pasado, mañana es futuro y hoy es un regalo, que por eso es llamado presente.


Formo parte de la vida de aquellos que creen en la fuerza del Amor, que creen que para una historia bonita no hay punto final.


Yo estoy casada ¿sabían?  Estoy casada con el Tiempo.  


Él es responsable de la solución de todos los problemas.


Él reconstruye los corazones, él cura lastimaduras, él vence la Tristeza...


Juntos, el Tiempo y yo, tuvimos tres hijos: La Amistad, la Sabiduría, y el Amor.


La Amistad es la hija mayor. Una muchacha linda, sincera, alegre. Ella brilla como el sol.  


La Amistad une a las personas, nunca pretende herir, siempre consolar.


La del medio es la Sabiduría, culta, íntegra, siempre fue la mas apegada al padre, el Tiempo.  La Sabiduría y el Tiempo andan siempre juntos.


El menor es el Amor. ¡Ah! cuánto trabajo me da!  Es terco, a veces solo quiere vivir en un lugar...


Yo vivo diciéndole:


Amor, usted fue hecho para vivir en dos corazones, no en uno.


El Amor es complejo, pero es lindo, muy lindo.


Cuando el comienza a hacer estragos y perjuicios yo llamo a su padre, y pronto el Tiempo sale a cerrar todas las heridas que el Amor abrió.


Una persona muy importante me enseñó una cosa:


Todo final siempre es verdadero, si todavía, no conoce su verdad es porque no ha llegado el final.


Por eso,  me atrevo a pedirle algo: crea siempre en mi familia.


Crea en el Tiempo, en la Amistad, en la Sabiduría y, principalmente en el Amor.


Y con seguridad un día, yo, la Felicidad, golpearé a su puerta.


Tengan Tiempo para los Sueños...


Ellos conducen en su carruaje hacia las Estrellas.

 Jorge Bucay.

jueves, 8 de julio de 2010

Apoyo a senadores argentinos que rechazaron el “matrimonio” homosexual
Comunicado de Familias Argentinas
BUENOS AIRES, miércoles 7 de julio de 2010 (ZENIT.org).- La organización Familias Argentinas, que prepara una marcha al Congreso de la Nación para el martes 13 de julio, valoró este miércoles "el coraje republicano de los senadores de la Comisión de Legislación General que votaron el dictamen de la mayoría rechazando el proyecto de ley en revisión sobre la inclusión del matrimonio conformado por parejas del mismo sexo".
Este martes el proyecto de ley para modificar el Código Civil a fin de permitir este tipo de uniones, con sanción en Diputados, fracasó en su intento de conseguir la aprobación de la mayoría en la Comisión de Legislación General del Senado.

La iniciativa sólo alcanzó 6 votos de los 15 totales. El resto de los senadores firmó el dictamen en contra del proyecto y apoyó otro para impulsar la unión civil sin adopción, que ahora tendrá prioridad en la sesión del 14 de julio.
"Valoramos mucho que a pesar de las presiones recibidas hayan sido fieles al deseo mayoritario de sus co-provincianos y nos comprometemos con ellos y con los demás senadores que tienen la misma intención de preservar el Matrimonio entre varón y mujer a seguir brindándoles nuestro apoyo ciudadano", subraya Familias Argentinas en un comunicado difundido por la agencia de noticias AICA.

martes, 6 de julio de 2010

Benedicto XVI

SULMONA, lunes 5 de julio de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la transcripción realizada por Radio Vaticano del discurso del Papa Benedicto XVI a los jóvenes en la catedral de Sulmona, durante su visita apostólica a esta ciudad italiana, ayer domingo 4 de julio.

¡Queridos jóvenes!
¡Ante todo quiero deciros que estoy muy contento de encontraros! Doy las gracias a Dios por esta posibilidad que me ofrece de permanecer un poco con vosotros, como un padre de familia, junto con vuestro obispo y vuestros sacerdotes. ¡Os doy las gracias por el afecto que me manifestáis con tanto calor! Pero os doy las gracias también por lo que me habéis dicho, a través de vuestros dos “portavoces”, Francesca y Cristian. Me habéis hecho preguntas, con mucha franqueza, y, al mismo tiempo, habéis demostrado tener puntos firmes, convicciones. Esto es muy importante. Sois chicos y chicas que reflexionan, que se preguntan, y que tienen también el sentido de la verdad y del bien. Es decir, sabéis usar la mente y el corazón, ¡y esto no es poco! Al contrario, diría que es lo principal en este mundo: aprender a usar bien la inteligencia y la sabiduría que Dios nos ha dado. La gente de esta tierra vuestra, en el pasado, no tenía muchos medios para estudiar, ni tampoco para afirmarse en la sociedad, pero poseía lo que hace verdaderamente rico a un hombre y una mujer: la fe y los valores morales. ¡Esto es lo que construye a las personas y la convivencia civil!
De vuestras palabras surgen dos aspectos fundamentales: uno positivo y uno negativo. El aspecto positivo viene desde vuestra visión cristiana de la vida, una educación que evidentemente habéis recibido de los padres, de los abuelos, de los demás educadores: sacerdotes, profesores, catequistas. El aspecto negativo está en las sombras que oscurecen vuestro horizonte: son los problemas concretos, que hacen difícil mirar al futuro con serenidad y optimismo; pero son también los valores falsos y los modelos ilusorios, que nos vienen propuestos y que prometen llenar la vida, mientras que en cambio la vacían. ¿Qué hacer, entonces, para que estas sombras no lleguen a ser demasiado pesadas? ¡Ante todo, veo que sois jóvenes con una buena memoria! Sí, me ha impresionado el hecho de que hayáis recordado frases que pronuncié en Sydney, en Australia, durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2008. Y también habéis recordado que las JMJ nacieron hace 25 años. Pero sobre todo habéis demostrado tener una memoria histórica ligada a vuestra tierra: me habéis hablado de un personaje nacido hace ocho siglos, san Pedro Celestino V, ¡y habéis dicho que lo consideráis aún muy actual! Véis, queridos amigos, de esta forma, tenéis, como se suele decir, “un talento de más”. Sí, la memoria histórica es verdaderamente un “talento más” en la vida, porque sin memoria no hay futuro. ¡Una vez se decía que la historia es maestra de vida! La cultura consumista actual tiende en cambio a aplanar al hombre en el presente, a hacerle perder el sentido del pasado, de la historia; pero haciendo así le priva también de la capacidad de comprenderse a sí mismo, de percibir los problemas, y de construir el mañana. Por tanto, queridos y queridas jóvenes, quiero deciros: el cristiano es uno que tiene buena memoria, que ama la historia e intenta conocerla.
Por esto os doy las gracias, porque me habláis de san Pedro del Morrone, Celestino V, y sois capaces de valorar su experiencia hoy, en un mundo tan distinto, pero percisamente por esto necesitado de redescubrir algo que valga siempre, que sea perenne, como por ejemplo la capacidad de escuchar a Dios en el silencio exterior y sobre todo interior. Hace poco me habéis preguntado: ¿cómo se puede reconocer la llamada de Dios? Y bien, el secreto de la vocación está en la capacidad y en la alegría de distinguir, escuchar y seguir su voz. Pero para hacer esto, es necesario acostumbrar nuestro corazón a reconocer al Señor, a sentirle como una Persona que está cerca de mí y me ama. Como dije esta mañana, es importante aprender a vivir momentos de silencio interior en el día a día para ser capaces de escuchar la voz del Señor. Estad seguros de que si uno aprende a escuchar esta voz y a seguirla con generosidad, no tiene miedo de nada, sabe y siente que Dios está con él, con ella, que es Amigo, Padre y Hermano. Dicho en una palabra: el secreto de la vocación está en la relación con Dios, en la oración que crece precisamente en el silencio interior, en la capacidad de escuchar que Dios está cerca. Y esto es verdad tanto antes de la decisión, en el momento, es decir, de decidir y de partir, como después, si se quiere ser fieles y perseverar en el camino. San Pedro Celestino fue ante todo esto: un hombre de escucha, de silencio interior, un hombre de oración, un hombre de Dios. Queridos jóvenes: encontrad siempre un espacio en vuestras jornadas para Dios, ¡para escucharle y hablarle!
Y aquí, quisiera deciros una segunda cosa: la verdadera oración no es de hecho extraña a la realidad. Si rezar os alienara, os quitase de vuestra vida real, estad en guardia: ¡no sería verdadera oración! Al contrario, el dialogo con Dios es garantía de verdad, de verdad consigo mismo y con los demás, y por tantode libertad. Estar con Dios, escuchar su Palabra, en el Evangelio, en la liturgia de la Iglesia, defiende de las fascinaciones del orgullo y de la presunción, de las modas y de los conformismos, y da la fuerza de ser verdaderamente libres, incluso de ciertas tentaciones enmascaradas de cosas buenas. Me habéis preguntado: ¿cómo podemos estar en el mundo sin ser del mundo? Os respondo: precisamente gracias a la oración, al contacto personal con Dios. No se trata de multiplicar las palabras – ya lo decía Jesús –, sino de estar en la presencia de Dios, haciendo propias, en la mente y en el corazón, las frases del “Padre Nuestro”, que abraza todos los problemas de nuestra vida, o también adorando la Eucaristía, meditando el Evangelio en nuestra habitación, o participando con recogimiento en la liturgia. Todo esto no separa de la vida, sino que ayuda a ser verdaderamente uno mismo en todo ambiente, fieles a la voz de Dios que habla a la conciencia, libres de los condicionamientos del momento. Así fue para san Celestino V: él supo siempre actuar según su consciencia en obediencia a Dios, y por ello sin miedo y con gran valor, también en los momentos difíciles, como los relacionados con su breve Pontificado, no temiendo perder su propia dignidad, sino sabiendo que ésta consiste en estar en la verdad. Y el garante de la verdad es Dios. Quien le sigue no tiene miedo ni siquiera de renunciar a sí mismo, a su propia idea, porque “quien tiene a Dios, nada le falta”, como decía santa Teresa de Ávila.
¡Queridos amigos! La fe y la oración no resuelven los problemas, pero permiten afrontarlos con una luz y una fuerza nueva, de una forma digna del hombre, y también de forma más serena y eficaz. Si miramos a la historia de la Iglesia veremos que es rica en figuras de santos y beatos que, precisamente partiendo de un diálogo intenso y constante con Dios, iluminados por la fe, supieron encontrar soluciones creativas, siempre nuevas, para responder a las necesidades humanas concretas en todos los siglos: la salud, la instrucción, el trabajo, etc. Su arrojo estaba animado por el Espíritu Santo y por una amor fuerte y generoso por los hermanos, especialmente por los más débiles y desfavorecidos. ¡Queridos jóvenes! ¡Dejáos conquistar totalmente por Cristo! ¡Poneos también vosotros, con decisión, sobre el camino de la santidad, es decir, de estar en contacto, en conformidad con Dios – camino que está abierto a todos – porque esto os hará ser también más creativos en buscar soluciones a los problemas que encontráis, y en buscarlos juntos! He aquí otro signo distintivo del cristiano: nunca es un individualista. Quizás me diréis: pero si miramos, por ejemplo, a san Pedro Celestino, en la elección de la vida eremítica ¿no era quizás individualismo, fuga de las responsabilidades? Cierto, esta tentación existe. Pero en las experiencias aprobadas por la Iglesia, la vida solitaria de oración y de penitencia está siempre al servicio de la comunidad, abre a los demás, nunca está en contraposición con las necesidades de la comunidad. Los eremitorios y monasterios son oasis y manantiales de vida espiritual de donde todos pueden beber. El monje no vive para sí mismo, sino para los demás, y es por el bien de la Iglesia y de la sociedad por lo que cultiva la vida contemplativa, para que la Iglesia y la sociedad puedan estar siempre regadas por energías nuevas, por la acción del Señor. ¡Queridos jóvenes! ¡Amad a vuestras comunidades cristianas, no tengáis miedo de comprometeros en vivir juntos la experiencia de fe! ¡Quered mucho a la Iglesia: os ha dado la fe, os ha hecho conocer a Cristo! Y quered mucho a vuetsro obispo, a vuestros sacerdotes: con todas nuestras debilidades, los sacerdotes ¡son presencias preciosas en la vida!
El joven rico del Evangelio, después de que Jesús le propuso dejar todo y seguirle – como sabemos – se fue de allí triste, poque estaba demasiado apegado a sus bienes (cfr Mt 19,22). ¡Yo en cambio leo en vosotros la alegría! Y también este es un signo de que sois cristianos: que para vosotros Jesucristo vale mucho, aunque sea comprometido seguirle, vale más que cualquier cosa. Habéis creído que Dios es la perla preciosa que da valor a todo lo demás: en la familia, en el estudio, en el trabajo, en el amor humano... en la vida misma. Habéis comprendido que Dios no os quita nada, sino que os da el ciento por uno y hace eterna vuestra vida, porque Dios es Amor infinito: el único que sacia nuestro corazón. Me gustaría recordar la experiencia de san Agustín, un joven que buscó con gran dificultad, durante mucho tiempo, fuera de Dios, algo que saciase su sed de verdad y de felicidad. Pero al final de este camino de búsqueda ha comprendido que nuestro corazón está sin paz mientras que no encuentre a Dios, mientras no repose en Él (cfr Las Confesiones 1,1). ¡Queridos jóvenes! ¡Conservad vuestro entusiasmo, vuestra alegría, la que nace de haber encontrado al Señor, y sabed comunicarla también a vuestros amigos, a vuestros coetáneos! ¡Ahora debo irme y debo decir que siento mucho dejaros! ¡Con vosotros siento que la Iglesia es joven! Pero me voy contento, como un padre que está sereno porque ha visto que los hijos están creciendo y están creciendo bien. ¡Caminad, queridos chicos y queridas chicas! Caminad en el camino del Evangelio; amad a la Iglesia, nuestra madre; sed sencillos y puros de corazón; sed humildes y generosos. Os confío a todos a vuestros santos patronos, a san Pedro Celestino y sobre todo a la Virgen María, y con gran afecto os bendigo. Amén.
[Traducción de la versión publicada por Radio Vaticano por Inma Álvarez]

domingo, 13 de junio de 2010

Manuel Lozano Garrido, Lolo

Homilía en la beatificación de Manuel Lozano Garrido, LoloPor el arzobispo Angelo Amato, SDB, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos
LINARES, domingo, 13 de junio de 2010
Publicamos la homilía que pronunció en la tarde de este sábado el arzobispo Angelo Amato, SDB, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, durante la beatificación de Manuel Lozano Garrido, más conocido como Lolo, en la localidad española de Linares.
1. La beatificación de Manuel Lozano Garrido, llamado familiarmente "Lolo", es un acontecimiento de gran importancia pastoral para la diócesis de Jaén y un gran honor para la Iglesia española, que añade un nuevo Beato a su ya rica galería de santidad.
Lolo vivió la mayor parte de su vida en una silla de ruedas. Él fue golpeado, como Job, por enfermedades que anulan, como la parálisis y la ceguera. Y como Job repetía con fe: "Yo sé que mi redentor vive " (Jb 19,25). Animado por esta esperanza, transformó su Calvario de sufrimiento en un Tabor de gloria junto al Señor Jesús.
Con los ojos del cuerpo apagados, él aguzó los ojos de la fe para poder captar en él y en el prójimo la luz del Espíritu. Por eso solía decir que las estrellas se ven de noche. A pesar de tener los miembros entumecidos, él se movía ágilmente con el corazón y con la mente, viajando por los cielos de la verdad y la belleza. Sus limitaciones físicas lo hicieron más sensible a las armonías del espíritu, de modo diferente a nosotros, que, aturdidos por la marea de fútiles imágenes cotidianas y entorpecidos por el estruendo de sus sonidos, no somos capaces ya de percibir el canto de la creación y terminamos por convertirnos nosotros mismos en ciegos y sordos.
Lolo, sin embargo, veía y comprendía las miles de presencias benéficas de la divina Providencia en su vida personal y en la historia de la humanidad. Por esto, su existencia no estuvo marcada por la tristeza, sino por la alegría; no por el llanto sino por la iniciativa apostólica; no por la soledad sino por la comunicación y la amistad con todos, grandes y pequeños, sanos y enfermos, pobres y ricos. La suya fue una existencia de auténtica santidad evangélica.
2. Como el justo de la Escritura, también Lolo vivía de la fe. Era un cristiano que meditaba el Evangelio, se nutría de la eucaristía, amaba a la Bienaventurada Virgen María y era un enamorado de la Iglesia, por la que tenía una verdadera pasión y a la que intentaba servir con amor de hijo.
La lectura del evangelio de hoy nos muestra un aspecto ejemplar de Lolo, su convicción de haber sido amado y perdonado por el Señor y la necesidad de corresponder a esta caridad con un amor sin límites. Con su vida y con sus escritos, Lolo trata al Señor como la mujer del Evangelio, que bañó los pies del redentor con sus lágrimas, los secó con sus cabellos, le ungió la cabeza con aceite y aromatizó sus pies con precioso perfume (cf. Lc 7,36-8,3). Son todas expresiones de un amor grande, como contrapartida por la alegría de vivir que se le daba cada día. Lolo amó al Señor Jesús con todas las fuerzas de su alma y poco a poco fue asimilado cada vez más a Cristo crucificado.
El secreto de la santidad de Lolo es revelada por la palabra del apóstol Pablo, que, en la segunda lectura dice: "He sido crucificado con Cristo, y no soy yo sino Cristo quien vive en mí" (Gal 2,19-20).
San Ambrosio lo explica así. "Cristo vive en mí" significa que en mí "vive aquel pan vivo, que viene del cielo, vive la sabiduría, vive la gracia, vive la justicia, vive la resurrección" (1). En Lolo, pues, vivía Cristo con toda la riqueza de sus dones espirituales. Como el gran místico que era, Lolo había muerto al pecado y vivía sólo de Cristo. Gradualmente Jesús había ocupado un lugar en su alma, en su mente, en su corazón, en su boca: "no soy yo sino Cristo quien vive en mí". Por esto de su pluma de escritor y periodista salían palabras de vida, de verdad, de justicia, de paz, de mansedumbre.
3. El siervo de Dios nació en Linares el nueve de agosto de 1920. Fue bautizado en la parroquia de Santa María con los nombres de Manuel Román de la Santísima Trinidad, de la Sagrada Familia y de todos los Santos (2). Un conjunto de nombres benditos, que hablan de paraíso. Cerca del domicilio de nuestro Beato, aproximadamente a cincuenta metros, había nacido algunos años antes, San Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana, y mártir en la persecución religiosa de 1936. La misma fuente bautismal fue manantial de agua viva para ambos ciudadanos de Linares, ciudad de santos y de mártires.
Lolo era el quinto hijo y después de él nacieron otros dos hermanos. La infancia fue serena. El niño era de temperamento alegre y gozoso. A los seis años se convirtió en huérfano de padre y a los quince de madre. La hermana mayor María llevó el cuidado de la casa y de la educación religiosa y humana de sus numerosos hermanos.
Desde pequeño Lolo formó parte de la Acción Católica, que para él era un noble modo de vivir como cristiano. Durante la persecución religiosa, en la cual perdió a su hermano Agustín, él se preparaba secretamente también para dar la vida por Jesús y para perdonar a sus perseguidores.
En este luctuoso período, a él le confió el sacerdote Rafael Álvarez Lara, que posteriormente fue obispo, la misión de distribuir clandestinamente la Eucaristía a determinados grupos de amigos y familiares. Lolo, como un nuevo Tarsicio, se movía como un ángel invisible entre los sonidos de las sirenas y los estallidos de proyectiles. Alguien, sin embargo, lo denunció, junto a dos hermanas, porque era católico y tenía en casa la Eucaristía. Permaneció en la cárcel tres meses. Con los nudos de las fibras de una escoba se hizo un rosario, que recitaba todos los días con otros detenidos. Terminada la guerra, Lolo reconoció en el barbero, que un día fue a afeitarlo, al delator, pero fingió no reconocerlo y lo perdonó.
4. Si se libró del martirio de la persecución, no escapó de otro martirio. Los primeros indicios de la enfermedad aparecieron durante el servicio militar. No consigue subir las escaleras y siente fortísimos dolores en las piernas. Tras numerosas visitas a médicos y hospitales, en abril de 1944, con veinticuatro años, Lolo vuelve definitivamente a Linares. Se siente como un árbol desnudo, que ha perdido sus verdes hojas. Para comprender el tormento físico, él mismo escribe que tenía una aguja en cada célula de su cuerpo. Lolo era un dolor viviente.
Pero esta planta desnuda y contorsionada, con sus raíces plantadas cerca de las corrientes de agua (Sal 1,3), retoma la vida y produce flores y frutos. Su habitación está situada frente a la Iglesia y así, cuando había buen tiempo, se podía incluso seguir la misa y escuchar el sonido de la campanilla: "Mientras trabajo y duermo, Cristo permanece junto a mí, apenas a unos veinte metros de distancia" (3). Poco a poco, los pies se encogen, las manos se retuercen, los dedos se paralizan. Su vida se convierte en un Viernes Santo no de desesperación, sino siempre iluminado por la Pascua de resurrección.
A quien le pregunta si su enfermedad le pesa, le responde: "Pesa, pero tiene alas ". A un amigo le escribe: "Cuando se sufre quiere decir que viene un ángel de Dios y te marca con una cruz en la frente". Consideró su enfermedad con un don. Su padecimiento fue un verdadero martirio de inmovilidad, que duró doscientas mil horas (4). Y soportó todo con profunda fe, desdramatizando siempre su situación. Solía decir que Dios estaba sentado al borde de su cama y compartía su pena.
5. El 4 de octubre de 1962 le llegó la ceguera total. Su sacrificio era ahora completo. Lolo se convierte en el sacramento del dolor, como lo definió un sacerdote, convirtiendo su sufrimiento en acción misionera.
Aunque escuchaba el latido del mundo, ya no veía nada más que a Dios. Y del corazón de Jesús él tomaba a manos llenas las indicaciones justas para edificar al prójimo con perlas de sabiduría. Pidió y obtuvo del obispo poder tener en su habitación un altar para la celebración de la misa. Para él era el signo de su continuo diálogo con Dios. Por esto tituló su libro "Mesa redonda con Dio". De esta escuela de dolor y de fe tomó la fuerza para escribir nueve libros y más de trescientos artículos, publicados en revistas y periódicos nacionales y locales.
Ofrecía sus sufrimientos por los periodistas, para los que escribió una especie de decálogo. Releamos alguno de estos mandamientos, de indiscutible actualidad para los actuales profesionales de la comunicación social:
"Da gracias al ángel que clavó en tu frente el lucero de la verdad y lo bruñe a todas horas";
"Cuando escribas lo has de hacer de rodillas para amar";
"Trabaja el pan de la limpia información con la sal del estilo y la levadura de lo eterno";
"Árbol de Dios, pídele que te haga roble, duro e impenetrable al hacha de la adulación y el soborno";
"Recuerda que no has nacido para prensa de colores. Ni confitería, ni platos fuertes: sirve mejor el buen bocado de la vida limpia y esperanzadora, como es" (5).
Para él, el periodista es como la fuente del pueblo, que brota y apaga la sed día y noche, dando frescura, optimismo, amor, esperanza y siempre una sonrisa. Exhortaba a evitar la prensa de colores, negra, rosa y amarilla, y a usar siempre una palabra clara y limpia, como la luz del sol.
Lolo murió el tres de noviembre de 1971, a los 51 años. Como testamento suyo dejaba una palabra: alegría. Él vivió su enfermedad con alegría. Sazonaba sus dolores con la alegría que manaba del corazón de Cristo. Y vivía todo ello con naturalidad: "Vivo mi inutilidad como una cosa normal, como es normal ser rubios o tener la vocación de obrero" (6).
Para delinear su personalidad espiritual, Lolo usa la metáfora del carnet de identidad: nombre, hombre; apellido, libre, amante e inmortal; residencia provisional, la tierra, de paso hacia la eternidad; profesión, generosidad; fotografía, el corazón; firma, fe y esperanza (7).
Lolo se alimentaba verdaderamente de Cristo. En su programa de vida escribió: "Por la mañana desayunarás con el buen pan de Dios, y después, enriquecido por su milagro, distribuirás tú los panes y los peces de tu corazón"; "Restriega y lava tus ojos en la fe, para ver siempre a Cristo que vive en la persona que es buena, en la mediocre y en el pecador" (8).
6. Queridos fieles, con la beatificación del Siervo de Dios Manuel Lozano Garrido, el Santo Padre Benedicto XVI nos entrega un ejemplo de santidad, que transforma el dolor en peregrinación de redención. El Papa ve en este ejemplar laico español un infatigable apóstol que aceptó la parálisis y la ceguera con ánimo sereno y alegre. Como escritor y periodista él difundió las verdades evangélicas, sosteniendo la fe de su prójimo con la oración, con el amor a la Eucaristía y con la devoción filial a la Virgen.
Los santos se modelan en el yunque de la inmolación. El dolor es una llamada a todos para alzar la mirada al cielo, de donde viene nuestro auxilio.
En una sociedad hedonista como la nuestra, que no ve el dolor y no sabe valorarlo, el Beato Lolo nos invita a abrir los ojos y a ver los miles de sufrimientos del nuestro prójimo, a abrir los oídos para escuchar los lamentos de los necesitados, grandes y pequeños, ricos y pobres; a mover nuestras manos para socorrer a los caminantes golpeados y derrotados por la vida; a abrir nuestra boca para aliviar, consolar y perdonar. El sufrimiento y el dolor habitan entre nosotros y a nuestro alrededor, en nuestras familias, en nuestros seres queridos.
Lolo nos invita a dar amor, porque Dios tiene un solo nombre, que es Amor, nada más que Amor.
Amén.

NOTAS
1 Ambrosio, Il paradiso terrestre, 15,76.
2 Rafael Higueras Álamo - Pedro Cámara Ruiz, La gioia vissuta, Edizioni San Paolo, Cinisello B. 2006, p. 17.
3 Manuel Lozano Garrido, Dios habla todos los días, p. 25.
4 Rafael Higueras Álamo - Pedro Cámara Ruiz, La gioia vissuta, p. 43.
5 Rafael Higueras Álamo - Pedro Cámara Ruiz, La gioia vissuta, p. 55-57.
6 Manuel Lozano Garrido, Dios habla todos los días, p. 92.
7 Rafael Higueras Álamo - Pedro Cámara Ruiz, La gioia vissuta, p. 102.
8 Rafael Higueras Álamo - Pedro Cámara Ruiz, La gioia vissuta, p. 103.

ZENIT

Alumno con NEE

Un alumno con necesidades educativas especiales es aquel que presenta diferencias significativas en su proceso de aprendizaje con respecto al resto de los alumnos, por lo que requiere de modificaciones en el currículum con carácter temporal o permanente.

En un sentido amplio los alumnos con altas capacidades ( alumnos conocidos como superdotados ), también deben ser considerados como alumnos con necesidades educativas especiales, ya que al presentar diferencias significativas de aprendizaje con respecto al resto de los alumnos, requieren de una atención específica que les permita aprovechar con éxito sus potencialidades. ( LOCE, art. 43 ).

LA EVALUACIÓN DE LOS ALUMNOS CON ALTAS CAPACIDADES:
Los criterios de evaluación serán los que figuren en su adaptación curricular o programa de potenciación, teniendo en cuenta que estos alumnos deben superar dos niveles en un mismo curso escolar, de acuerdo con la normativa que regula la promoción de alumnos con altas capacidades.
En la deciciones de la evaluación y promoción de los alumnos con necesidades educativas especiales participarán junto al equipo educativo del alumno, el profesor-tutor, los equipos de dirección, el orientador del centro y el profesor de apoyo a la integración, si lo hubiere, quienes formarán parte del equipo educativo, debiendo ser comunicadas a los padres las decisiones adoptadas.